lunes, 15 de febrero de 2010

frío...

A 8 grados bajo cero es posible dejar de sentir el frío y en cambio estar congelado tratando de dormir bajo seis edredones.

Cuando el corazón se hiela el clima se invierte burlonamente.

Es entonces cuando desaparece el sueño y merma el hambre.
Se reduce el número de abrazos que entregas y aumentan las colillas en tu cenicero.

Es la muerte del alma, tétrico funeral que carece de melodía.

¿Cómo llorar tu propio final sin perder un ápice de dignidad?

domingo, 24 de enero de 2010

No me ofrezcas vino con vinilos, soy de la religión de Lorca.
"Mi soledad esquiva en los hoteles".
La oscuridad es mi compañera, que me regala horas sin sueño.
Amiga de la noche que activa mi mente.
Los pies sobre baldosa fría y en mis oídos Jimmy Page.
Es suficiente para que esta pluma me robe la conciencia.
Ya no sufro, ya no río. Ahora vuelo sobre el papel.
Apago la persiana por si amanece y me felicito por contradecir al mundo.
Hoy no os conozco, mis noches son mi reino y esta lámpara mi día.
Palmada en la espalda, has logrado sobrevivir otra noche a la banalidad

domingo, 17 de enero de 2010

derrota

Me ha vencido.
He caído sobre mis manos y he llorado amargamente. Lo sentía venir... me dije: aguanta.
Pero no he podido.
Solo un minuto, ni si quiera, 18 segundos, ni uno más.
He de admitir que ha resultado placentero. Se ha ido el dolor.
He levantado la cara y he caminado firme.
Ya estoy lista.
Continuémos entonces

jueves, 14 de enero de 2010

Se difuminan tus ojos clavados en mi piel y cada vez me cuesta más sentirte suspirar, a pesar de que cuando el tacto se hace dueño de los recuerdos es más dificil dejarlos ir.
Hace falta corage para suplantar tus besos, pero a oscuras los labios se confunden. Por eso esta noche surcaré otra vez las sábanas de ese hotel embriagada de vino. Tú vestirás otro cuerpo, pero me regalarás las mismas manos aferradas a mi cadera.
No gritaré tu nombre por miedo a despertarte, pero oye como el sudor que me cubre te llama.

jueves, 7 de enero de 2010

Trato de esconderme en un espacio abuhardillado, quién sabe qué, pero algo tiene ese rincón. Quizá sea su exclusividad, no todo el mundo cuenta con uno. Qué más da... a mi me recoge.
Me enrollo en una manta y muerdo fuerte el bolígrafo. Lo sé, el no tiene la culpa, pero yo tampoco y me duele...
Quiero no pensar, de verdad lo quiero, y cuanto más me esfuerzo es lo único que consigo. No bien, ni si quiera con claridad, ojalá... Pienso que no quiero pensar, ni pensarte. Pero pienso, y tanto que lo hago.
Abro el libro, ¿cuál sino? y busco la página 137. Qué estúpida, pero mi mente en clave me acerca así a lo que quiero evitar... y leo "Quizás, al final, habría podido ser una noche cualquiera. Pero no lo fue"
¡Claro que no lo fue! Si lo hubiera sido la habitación abuhardillada estaría a oscuras con la manta en un rincón y yo no me mordería el labio inferior hasta hacerme daño. ¡No estaría tratando de matar una lagrima! Creeme que no lo fue...
Ya basta, no quiero pensar, y pienso que me vas a matar si tu boca no tiene piedad de mi inocencia.

domingo, 13 de diciembre de 2009


Embriagada de locura primaveral a mediados de Diciembre, en el siglo del alcohol y los excesos, donde los romances duran lo mismo que un combinado.
Resulta cálido... casi ardiente, es de agradecer, pero trato de apaciguarlo con el hielo de mi vaso.

Mi sensatez prisionera en una barra de carmín, y un dulce veneno por perfume.
Con los ojos vendados por palabras bonitas y armada de equilibrio sobre mis tacones.
Así me lanzo cuesta abajo... sin miedo, lo ha expulsado mi impaciencia.

Ahora el calendario de mi piel cuenta los días poro a poro, y ya falta poco para robar tu intimidad.

Espero. Con tu sonrisa en mi cabeza y las uñas esmaltadas... ¿su destino?


Tu espalda

sábado, 28 de febrero de 2009

Leve


Olas. Vienen. Se van.

Es el gran espectáculo del mar. No descansa.

Puntual a nuestra cita.

No le importa mi humor, no le importa mi aspecto.

No importa si un día no vengo, al volver él está ahí, deleitándome con su movimiento.



Fijo la mirada en la orilla. Poco a poco recorro su tez hasta alcanzar su firmeza, ese punto lejano donde parece no moverse, donde traza una recta línea para no confundirse con ese otro gigante azul.



En cada una de nuestras citas me pregunto si podría perderme en él.

Parece que me llama a su seno.

Se aproxima a mi, cada vez más cercano.


Sube la maréa, y yo no quiero alejarme... quiero dejar que me invada.

Deslizarme a la orilla,

dejar que me mezca... fuerte al principio, y más levemente cada vez, hasta confundirnos en uno.


Dejar que me lleve.



Ya no hay pensamientos. No hay penas. No hay alegrías.



soy leve

soy inmensa

soy eterna



soy el mar